Congreso de medicina

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EDITORIAL

Pilar Rivera Ramos/Directora

Sembrar cemento en la campiña arequipeña ha sido una de las prácticas más usadas los últimos 20 años y en esto están involucradas las autoridades ediles encargadas de autorizar las licencias de construcción en áreas que debían ser conservadas, tanto como ahora se protege el agua de la minería.

Habría que observar detenidamente las actas de las sesiones de concejo donde,  abruptamente, se habrían cambiado los acuerdos municipales con tal de dar visto bueno a las grandes constructoras que se instalan en Arequipa. Lamentablemente nuestras autoridades no han dudado en autorizar, a otros, cavar la tierra para dar paso a gigantes proyectos inmobiliarios con los que, además, muchos se llenaron los bolsillos, producto de sus operaciones ilegales.

Ahora Arequipa ha perdido gran parte de su paisaje, identidad, exponiéndola a graves peligros a causa de la depredación de las áreas verdes.

Nuestra ciudad es una de las ciudades con mayor radiación solar del mundo, pues su nivel llega a 15 cuando lo máximo en cualquier parte del mundo es 13.5, y esto señores alcaldes, es consecuencia de haber demolido la siembra por los edificios y no esperamos que hagan un voto de conciencia.

Pero no sería mala idea que alguna institución comprometida con la defensa de nuestra naturaleza ponga una placa recordatoria en cada zona residencial donde antes se sembraba maíz, papas o cebolla y que a la letra indique: “aquí hubo alguna vez un área verde” y se consigne el nombre del autor de tan semejante delito, que también por eso los alcaldes merecen ser recordados con infinito desprecio.

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