Arequipa

Arequipa

Editorial

(Pilar Rivera Ramos/Directora)

No debemos quedarnos en el pasado pero sí respetarlo. Es obligación de cada habitante de esta tierra, Arequipa o quien se siente identificado como hijo del Misti valorar las tradiciones y hacer que estas perduren. Para este buen propósito se tiene que conocer y difundir, primero en el núcleo familiar y luego trascender en otros círculos sociales las acciones que forman lo Arequipeño. No es cosa de abuelitos, ni de gente que no tiene nada que hacer pero estos valores y tradiciones nos hacen región y forman el concepto de arequipeñismo.

La picantería, la gastronomía, las peleas de toros, nuestra forma de hablar extendiendo las palabras, el loncco y esa mezcla de castellano y quechua para formar vocablos. Los medios de comunicación están en la obligación de dar a conocer toda esta gama de tradiciones, pero una salvedad, no solo los 30 días de agosto, sino siempre. Está bien que durante las fiestas de Arequipa se coloque nuestra bandera a flamear, pero los ideales, las costumbres, y la manera de mantener esas formas e ideas deben ser inculcadas desde el nido, primaria y secundaria y buscar con los universitarios proyectos que desarrollen nuevos sueños que formen el arequipeñismo.

Una gran idea en la que tendrán que ver varias universidades locales es el museo de la chicha destinado a preservar, no solo los potajes propios de la región sino algunos insumos como el camarón, el sembrío del maíz negro, entre otros. O por qué razón no se enseña en las universidades ingeniería textil si tenemos una fibra única en el mundo, me refiero a la vicuña.  Y si se hace una feria que esta sea para intercambio de tecnología y para hacer negocios; no solo destinada a vender almohadas o pulseritas.

Tenemos que madurar más como ciudadanos y eso nos hará tener mejores autoridades que guíen esta tierra bendita que tiene Costa y Sierra y una riqueza única tierra de la cual no todos gozan y ese sería el primer objetivo.

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