El mensaje de un Gobierno cansado

El mensaje de un Gobierno cansado

COLUMNA

(Iván Arenas)

Los escolásticos decían que errar es humano, pero redundar en el error es diábólico. ¿Por qué recuerdo la cifra escolástica luego de escuchar el Mensaje a la Nación del presidente Pedro Pablo Kuczynski? Por una sencilla razón: se perdió la gran oportunidad de reencontrarse con el Perú real, de a pie. Del discurso se despliega también una sensación de que el próximo año será un reflejo de estos últimos doce meses, en los que los errores políticos propios han llevado a PPK a tener una baja aprobación y a que la gobernabilidad esté en juego. Sin duda, las expectativas fueron muchas, pero la realidad fue menor.

No solo no hubo una autocrítica honesta y sincera sobre los absurdos errores propios —solo algunas pinceladas—, tampoco hubo la intención de diseñar, desde el Ejecutivo, un gran movimiento nacional en el que las fuerzas políticas se integren con el objetivo de lograr las reformas de segunda generación que el país necesita. Hoy, cuando uno de los problemas esenciales es cómo salir de la trampa de ingresos medios (y para ello se necesitan que los motores de la economía sigan funcionando), el presidente soslayó temas de suma importancia. Por ejemplo, la minería y los conflictos sociales; o si se extenderá hasta el 2050 la Ley de Promoción Agraria.

En este sentido, el mensaje no tocó a la inversión privada, cuando esta representa alrededor del 80% del total de inversión en el Perú. Seamos directos: sin inversión privada las posibilidades para la creación de empleo, aumento de recaudación tributaria y retroceso de la pobreza son mínimos.

Otro tema importante que no se tomó en cuenta fue la relación con el fujimorismo. Para nadie es un secreto que desde el gobierno pepekausa se ha promovido, a través algunas instituciones, una estrategia mediática antifujimorista para vetar políticamente a la fuerza naranja. Pues bien, se perdió una gran oportunidad para —con la atención de todo el Perú— que se bajen de una vez por todas las tensiones.

Este no ha sido un mensaje claro y contundente para calmar a un país al borde de la ingobernabilidad. Pareció un discurso de un gobierno y un presidente que desconocen que hay un Perú convulsionado en el sur,  y en el norte hay descontento con una reconstrucción que no llega.

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